lunes, 19 de mayo de 2008

La Poisonerie... Cotinuamos

Clack Clak. Zap zap zap zap zap. Clack. Zap zap.
Clack. Zap zap. Clack
Uno di quell giorni miei che adesso tu non sa
Domani, un altro giorno, si vedrà

El caos tiene siempre la belleza del momento y la fugacidad de tus párpados al cerrarse.
De eso se trataba, querido amigo, Gerardo: del caos.
Si la mente es archivo, nosotros un archivero, habría de aceptar que la mente a veces, viaja más rápido que nuestras manos sobre el teclado, que las palabras al salir de la boca... por eso, quizá, muchas de ellas se nos quedan de inquilinas: el tiempo de decirlas pasó.
No me estoy defendiendo, tampoco me estoy aclarando; pero debo aceptar que al leer tu comentario quedé completamente de acuerdo: el texto es confuso.
Y es honesto también... así viaja mi mente, mis recuerdos, esta noche en La Poisonerie en Lima; así es, y la mente tampoco tenía objetivo alguno ni conclusión que dar: su placer fue el viaje, es el viaje por los materiales y las imágenes que ha guardado alrededor del flamenco, de España y de un par de abuelos que muy temprano me enseñaron a entenderla, valorarla, escuchar.
Un abuelo que la declama y una hija de ese abuelo que la canta cuando el vino vuela en copas por encima de a mesa de doce personas en un departamento en Tecamachalco en la Ciudad de México.
Una abuela paterna, María, que devora libros tratando de saber quiénes somos y por qué somos así. Un español, lenguaje, que no quiere gastarse sino redescubrirse, una idea que no sólo podemos ser indios; al final, perdimos el lenguaje y cuando éste se pierde, termina el rito y la cosmovisión... y perdimos los puntos cardinales.
Esas y otras cosas era, es, es la mente en La Poisonerie... el mar, vasto, huído, de la ciudad de Lima.
El horizonte indefinible porque se confunde, deja de existir cuando la niebla: y mar y cielo son grises y fugados.
Es uno y tres viajes al mismo tiempo, un suéter sobre el otro, un Guillermo que se llama como mi hermano, un amigo, José Luis, que algunas tardes hace las veces de mi hermano. Una madre que se llama Susana como el alma gemela que conocí muy pronto en esta vida... apenas teníamos quince años.
Y un abuelo presa de la belleza... Bello -decia el abuelo citando a San Agustín- es todo aquello que deseamos tener y que a la vista atrapa....
Todo es a la vez.
Clack. Zap. Clack clack clack clack. Zap. Zap.
Porque también aprendí que el cante hondo sale del alma que no del corazón y tiene el ritmo de Cosmos.
Y una noche en la calle de Huichapan allá en la Ciudad de México, me regalron la visión del Cosmos, cuando sobre la azotea, donde doy terapia, me vi en este lado que somos y otro más arriba y otro y otro, hasta que llegué a ese que llamé siete, donde todos estábamos de fiesta sin juicio ni prejuicio por simple gusto de estar.
Y eso era, querido negrito, la noche en La Poisonerie en Lima, eso sigue siendo.
Mientras esa cancioncita en italiano me sonaba en la cabeza.
Me faltó poner el final:
Un giorno dei fantasmi, d`ilussioni che non ha
Domani, un altro giorno, si vedrá...

1 comentario:

el juntacadáveres dijo...

me queda más claro y comprendo el punto... creo que es efectivamente muy personal... de ahí mi confusión...

gracias por la lectura...

saludos...